Córdoba Coaching

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lunes, 21 de abril de 2014

Aprendizaje Cooperativo en nuestras Aulas

Hace unos días llegó a mis manos un informe de la Comisión Europea en colaboración con la Dirección General de Investigación, editado por el Instituto de Formación del Profesorado, Investigación e Innovación Educativa (IFIIE) titulado “Actuaciones de Éxito en las Escuelas Europeas”. En él se exponen las conclusiones de un proyecto de investigación llevado a cabo desde el año 2006 en diferentes escuelas de toda Europa y pone de manifiesto los beneficios de cierto tipo de actuaciones medidas en términos de disminución del fracaso escolar e integración social y educativa.

Estas actuaciones se pueden concretar en tres grandes líneas cuyas conclusiones son:

·      La separación del alumnado en diferentes itinerarios educativos según los niveles de aprendizaje, afecta profundamente a su éxito académico y a sus posibilidades de empleo en el futuro. Cuanto antes comienza esta separación mayores son las diferencias apreciables entre los alumn@s.

Este párrafo de lectura poco amable viene a decir que los sistemas educativos deben definir la enseñanza obligatoria como mínimo hasta los 16 años. En España, esta reforma educativa fue introducida en 1996. Hasta entonces la enseñanza obligatoria llegaba hasta los 14 años , mientras que en países como Suecia o Finlandia, esta reforma educativa se introdujo en los años 50 y 80 respectivamente.

·   * El hecho de agrupar a los alumnos de forma homogénea en función de sus capacidades intelectuales, discapacidad, grupos sociales, etc, no mejoran, sino que incluso empeoran el rendimiento general del alumnado con menor nivel de aprendizaje. Esta división también incrementa las diferencias entre el rendimiento del alumnado: disminuye el logro de los de nivel mas bajo, mientras que los que tienen mayor nivel de aprendizaje se benefician, o su rendimiento no se ve afectado.

A esta conclusión podemos sumar el ya mencionado en otros post “Efecto Pigmalión”, donde el profesional de la educación puede de forma inconsciente esperar menos de los alumnos agrupados por alguno de los criterios anteriores. 

Por el contrario, el aprendizaje cooperativo mejora el aprendizaje académico y la convivencia en clases heterogéneas, de forma que se cumplen con los objetivos del grupo y con los individuales, teniendo además un claro efecto sobre la autoestima del alumno. La interacción, la cooperación y el diálogo entre alumnado con diferentes niveles de aprendizaje tienen un efecto positivo sobre la relación entre grupos, el comportamiento y el desarrollo de habilidades sociales.

·      Para conseguir que mejore el rendimiento escolar, no sólo es necesaria la formación del profesorado, sino también la formación de las familias y de otros miembros de la comunidad. En la mejora de los resultados académicos es determinante la participación de las familias en los programas educativos. Esto fomenta la interacción cultural y educativa con el alumnado.

De nuevo aparece la cooperación, la colaboración entre unos y otros como motor del cambio. Un cambio que nuestras aulas están pidiendo a gritos. Un grito que ya ha llegado a los oídos de muchos y que necesariamente se irá realizando lentamente de abajo hacia arriba, mientras llega el momento de que se realice de forma definitiva de arriba hacia abajo.

 Elvira Pérez 
Descubriendo lo profundo de las Personas. 




miércoles, 16 de abril de 2014

¿DESCONECTAMOS?

La mayoría estamos acostumbrados a concentrarnos en nuestra rutina diaria, sea cual sea, olvidándonos, a veces, de dirigir la mirada hacia nosotros mismos. Y esto, desgraciadamente, puede llegar a dejarnos exhaustos. Sí, ya sabemos que estamos muy ocupados (o desocupados), que aunque puede que nos gustaría estar simplemente rascándonos la barriguita, hay tantas cosas por hacer,  tanto en qué pensar, tantas preocupaciones que nos invaden el coco, que nos cuesta dejar todo ello atrás. Sin embargo, a veces,  es necesario que consigamos desconectar.
 Nuestro cuerpo, nuestra mente y nuestra emoción (nuestro corazón) necesitan distanciarse de ese "mundanal ruido" que nos envuelve diariamente. Ello no significa que tengamos que irnos al Tíbet, aunque no dudo que podría ser una experiencia como mínimo curiosa, o que el sofá nos mantenga secuestrados el domingo por la mañana, sino simplemente buscar formas de descansar de aquello que nos tiene entretenidos, de forma abrumadora, en nuestro día a día.
 
El trabajo (o su búsqueda), las obligaciones, las preocupaciones, los retos, etc. abarcan la mayor parte de nuestra rutina pudiendo agotarnos si le damos excesiva importancia. Por ello, es fundamental que encontremos esa "desconexión" que realmente nos hace conectarnos con nuestra esencia.

Hacer deporte, viajar, leer un libro, reír, hacer "locuras" (ojo, que aquí no está incluido hacer un "sinpa" en el bar de la esquina), etc... da igual lo que hagamos y cómo o con quién lo hagamos, lo fundamental es que consigamos olvidarnos momentáneamente de aquello que nos absorbe demasiada energía. Si lo conseguimos, será una inyección de vitalidad, un cargar pilas, que nos ayudará a continuar ese día a día con entusiasmo, creatividad, fuerza e, incluso, iniciativa.

¿Desconectamos? ¡Que tengáis buena Semana Santa!

Mª José Chacón Aguilar

jueves, 10 de abril de 2014

CUENTO "LA IMPORTANCIA DE NUESTROS MAYORES"

Érase una vez, hace mucho, mucho tiempo había una pequeña región montañosa dónde tenían la costumbre de abandonar a los ancianos al pie de un monte lejano. Creían que cuando se cumplían los sesenta años dejaban de ser útiles, por lo que no podían preocuparse más de ellos.
En una pequeña casa de un pueblecito perdido de esta región, había un campesino que acababa de cumplir los sesenta años. Durante todos estos años había cuidado la tierra, se había casado y había tenido un hijo. Después había enviudado y su hijo también se casó, dándole dos preciosos nietos. A su hijo le dio mucha pena, pero no podía desobedecer las estrictas órdenes que le había dado su señor. Así que se acercó a su padre y le dijo:
- Padre, lo siento mucho, pero el señor de estas tierras nos ha ordenado que debemos llevar a la montaña todos los mayores de sesenta años.
- Tranquilo hijo, lo entiendo. Debes hacer lo que el señor diga -, contestó el anciano lleno de tristeza.
Así que el joven cogió a su padre e inició el viaje hacia las montañas. Mientras iban caminando, el joven se fijó que su padre dejaba caer pequeñas ramas que iba rompiendo. El joven creyó que quería marcar el camino para poder volver a casa pero cuando le preguntó, el anciano le dijo:
- No lo estoy haciendo para mi, hijo. Pero vamos a un lugar lejano y escondido, y sería un desastre que te desorientases y no pudieses volver, así que he pensado que si iba dejando ramitas por el camino seguro que no te perderías.
Al oír estas palabras el joven se emocionó con la generosidad de su padre. Pero continuó caminando porqué no podía desobedecer al señor de esas tierras. Cuando finalmente llegaron al pie de la montaña, el hijo, con el corazón hecho pedazos, dejó allí a su padre. Para volver decidió utilizar otra ruta, pero se hacía de noche y no conseguía encontrar el camino de vuelta. Así que retrocedió sobre sus pasos y cuando llegó junto a su padre le rogó que le indicara por dónde tenía que ir. Volvió a coger a su padre en brazos y, siguiendo las indicaciones del anciano, empezó a cruzar el valle por el que habían venido.
Gracias a las ramitas rotas que el viejo había dejado por el camino, pudieron llegar a su casa y toda la familia se puso muy contenta cuando vieron de nuevo al anciano. Entonces, el joven decidió esconderlo debajo los tablones del suelo de su cabaña para que nadie lo viese y no le obligasen a llevárselo otra vez.
El señor del país, que era bastante caprichoso, a veces pedía a sus súbditos que hiciesen cosas muy difíciles. Un día, reunió a todos los campesinos del pueblo y les dijo:
Cuerda de ceniza
Todos los campesinos se quedaron muy preocupados. ¿Cómo podían tejer una cuerda con ceniza? ¡Era imposible! El joven campesino volvió a su casa y le pidió consejo a su padre, que continuaba escondido bajo los tablones.- Quiero que cada uno de vosotros me traiga una cuerda tejida con ceniza.
- Mira -, le explicó el anciano-, lo que tienes que hacer es trenzar una cuerda apretando mucho los hilos. Luego debes quemarla hasta que solo queden cenizas.
El joven hizo lo que su padre le había aconsejado y llevó la cuerda de ceniza a su señor. Nadie más había conseguido cumplir con la difícil tarea. Así que el joven campesino recibió muchas felicitaciones y alabanzas de su señor.
Otro día, el señor volvió a convocar a los hombres de la aldea. Esta vez les ordenó a todos llevarle una concha atravesada por un hilo. El joven campesino se volvió a desesperar. ¡No sabía cómo se podía atravesar una concha! Así que, cuando llegó a casa, volvió a preguntar a su padre lo que debía hacer y éste le contestó:
- Coge una concha y orienta su punta hacia la luz- explicó el anciano-. Después coge un hilo y engánchale un grano de arroz. Entonces dale el grano de arroz a una hormiga y haz que camine sobre la superficie de la concha. Así conseguirás que el hilo pase de un lado al otro de la concha.
El hijo siguió las instrucciones de su padre y así pudo llevar la concha ante el señor de esas tierras. El señor se quedó muy impresionado:
- Estoy orgulloso de tener gente tan inteligente como tú en mis tierras. ¿Cómo es que eres tan sabio? – le preguntó el señor.
El joven decidió contestarle toda la verdad:
- Veréis señor, debo ser sincero. Yo debería haber abandonado a mi padre porqué ya era mayor, pero me dio pena y no lo hice. Las tareas que nos encomendó eran tan difíciles que solo se me ocurrió preguntar a mi padre. Él me explicó como debía hacerlo y yo os he traído los resultados.
Cuando el señor escuchó toda la historia, se quedó impresionado y se dio cuenta de la sabiduría de las personas mayores. Por eso se levantó y dijo:
- Este campesino y su padre me han demostrado el valor de las personas mayores. Debemos tenerles respeto y por eso, a partir de ahora, ningún anciano deberá ser abandonado.
Y a partir de entonces los ancianos del pueblo continuaron viviendo con sus familias aunque cumplieran sesenta años, ayudándolos con la sabiduría que habían acumulado a lo largo de toda su vida.
                                                                                                                      María Fernandez
                                                                                           "Una enamorada de nuestros mayores"

jueves, 3 de abril de 2014

LA INTUICIÓN, NUESTRA GRAN ALIADA

Estamos entrenados para vivir desde la lógica mental, una herramienta que es muy importante para nosotros, sin embargo, existe una sabiduría que va más allá de eso, pura y libre de juicios a la que podemos acceder si así lo queremos. Ésta se denomina Intuición.

Según la RAE, se trata de la percepción íntima e instantánea de una idea o una verdad que aparece como evidente a quien la tiene. Facultad de comprender las cosas instantáneamente, sin necesidad de razonamiento. Dicho de otro modo, la intuición es como un "pronto" que se nos viene a la cabeza cuando queremos tomar una decisión, teniendo certeza, más que conocimiento, sobre algo más allá de la lógica mental.

Aprender a reconocer ese "pronto" es una cosa de práctica, porque ocurre sólo por unas milésimas de segundos antes de que la máquina mental empiece a funcionar y comience todo el proceso lógico al que estamos acostumbrados.

Por eso, para acceder a ella, debemos aprender a acallar la mente, o al menos a controlarla, del mismo modo que es necesario tener consciencia de nuestras emociones y de nuestro cuerpo en el momento en que queramos usarla.

El pensamiento no racional ha sido una parte fundamental de la investigación científica. Los presentimientos y los vuelcos del pensamiento "irracional" son los impulsores de la investigación científica y, muchos científicos que han tenido éxito en sus investigaciones así lo creen. La racionalidad no es más "científica" que la intuición. Simplemente, es más precisa que la intuición para manejar la información mensurable de que se dispone. Por tanto, cuando no se dispone de información mensurable, la intuición es más precisa que la racionalidad.

Tenemos la capacidad de hacer apreciaciones intuitivas, rápidas y espontáneas de los estados de la mente de otras personas (podemos saber si alguien es feliz, está triste, si desconfía, etc.); dicho de otra forma, si desarrollamos la intuición, podemos tener la capacidad de "leer el pensamiento" de los demás y esto es muy importante para entablar relaciones con otras personas. Si hacemos caso omiso de nuestra intuición, nos volvemos ignorantes e  inconscientes.

Desde mi propia experiencia, la intuición es la que me permite ver más allá de la apariencia y del prejuicio, permitiéndome tener una visión más limpia de la realidad y, lo que es más importante para mí, me hace mejor persona. Es curioso todo el abanico de posibilidades que me está descubriendo, que a mi racionalidad le cuesta entender, aunque tampoco pasa nada por dejarla al margen esta vez.

http://www.eduardpunset.es/19024/general/la-intuicion-tambien-cuenta
               

Mª José Chacón Aguilar