Córdoba Coaching

Córdoba Coaching

jueves, 13 de marzo de 2014

HUMILDAD:NUESTRO GRAN ALIADO

Buenos días

Hoy me levantado con ganas de hablar de algo que lo llevo cerca de mi vida y procuro llevarlo a la práctica, porque cuando no lo hago es cuando aflora ese EGO que hace que no sea la persona que quiero ser. Ese algo que al mi parecer puede ser una virtud o una actitud o como quieras llamarlo es la HUMILDAD.

Buscando en el diccionario he encontrado varias definiciones: actitud de la persona que no presume de sus logros, reconoce sus fracasos o debilidades y actúa sin orgullo o también baja condición social,etc. Yo creo que si buscas podrás encontrar miles, de hecho es una palabra que suena muy bonita y que las personas más apreciadas y veneradas en esta sociedad se dice que la tienen; pero ¿realmente sabemos llevarla a la vida diaria?

Cuando alguien nos lleva la contraria, ¿sabemos como gestionarlo llegando a un consenso o defendemos nuestro punto de vista a "capa y espada"?

¿Colaboramos y cooperamos con los demás sin juzgar? 

¿Sabemos gestionar las críticas constructivas? 

¿Igual que damos, nos cuesta pedir ayuda o apoyo?

¿Somos agradecidos?

¿Reconocemos las cosas buenas de los demás? y ¿las nuestras?

¿Aprendemos de nuestros errores?

¿Somos esponjas para cada día empaparnos de situaciones nuevas? 

¿Reconocemos que aunque seamos expertos en alguna actividad siempre podemos abrirnos al aprendizaje de algún compañero del mismo camino?

Estas preguntas me las hago día a día para que no se me olvide nunca que la HUMILDAD es el mejor aprendizaje en el camino de la vida, con ella puedes disfrutar de las pequeñas cosas que realmente merecen la pena y estarás más feliz contigo mismo y con los demás. Simplemente por esto seguiré trabajándola,  hasta que se convierta en un hábito diario. Fallaré mil veces...pero el reconocerlo, creo,  que también puede ser HUMILDAD.
                                                                                                                            


                                                                                                                           María Fernández


domingo, 9 de marzo de 2014

¿Has oído hablar de la Procrastinación?

El pasado miércoles mantuve una sesión de Coaching con una persona a la que conozco desde hace muchos años, casi no distingo en qué momento empezamos a formar parte el uno de la vida del otro. La sesión me fascino por varios motivos, quizás el principal, por todo lo que aprendí de mi misma y de cómo nuestro enemigo interior sabotea constantemente proyectos e ilusiones que nos esforzamos en crear, en desarrollar, en pelear y que pueden ir al traste con un solo pensamiento: “no soy capaz” o “eso no es para mi” o “ya habrá otra oportunidad”, o “en otra ocasión será”… en definitiva, cualquier excusa que se nos pueda ocurrir, para evitar enfrentarnos a la cruda realidad.

Estoy hablando de la PROCRASTINACIÓN. Este concepto de nombre impronunciable aparece en personas cuyo enemigo interior principal es la perfección y está relacionado con posponer tareas ("No puedo empezar el trabajo hasta que sepa la manera 'correcta' de hacerlo"), y el autodesprecio (“No sé por qué, pero no soy capaz”). Existen diferentes motivos que apoyan esta actitud, en última instancia, el miedo al fracaso. La Procrastinación produce inmovilidad, ésta produce depresión y en casos graves la depresión puede llevar a la muerte. Sin ánimo de ser alarmista, sí quiero darle la dimensión que corresponde a este bloqueador que tantos proyectos ha dejado en el camino.

Para algunas personas, la perfección no está mal vista, quizás en sentido positivo, la identifico más con el concepto de EXCELENCIA. La Excelencia puede proporcionar la energía motriz que conduce a grandes logros, la atención meticulosa a los detalles necesaria para la investigación científica, el compromiso que empuja a los compositores a continuar trabajando hasta que la música refleja los sonidos gloriosos que suenan en la imaginación, y la persistencia que mantiene a los grandes artistas ante sus caballetes hasta que su creación encaja con su concepción. En todos estos casos estamos hablando de un proceso, un camino que recorrer que no estará exento de dificultades, donde la perseverancia y la confianza en nosotros mismos será nuestro mayor éxito, donde los errores se presentan como oportunidades de mejora, nunca como fracasos.

En ambientes laborales, la perfección, supone baja productividad, dado que se pierde tiempo y energía en detalles irrelevantes de las tareas o actividades diarias, esas que sí sabemos hacer a la perfección. También se caracteriza por la existencia del pensamiento polarizado (todo o nada). En las relaciones personales, produce expectativas irreales que pueden inducir a gran insatisfacción. Para intentar alcanzar sus objetivos, a menudo los perfeccionistas sacrifican actividades sociales y familiares.

Si eres perfeccionista, cúbrete de humildad, baja los pies a la tierra y persigue metas realistas, alcanzables, que estén dentro de tus posibilidades, dentro de tus límites y no te olvides de plantarle cara al miedo al fracaso, ese es tu peor enemigo.


Como curiosidad os dejo unos datos sobre el cerebro: sabías que el celebro deja de desarrollarse aproximadamente a los 40 años? Si estás a tiempo, no dejes de ejercitarlo. Además, al despertar genera la electricidad necesaria para encender una bombilla pequeña y si te hacen jefe, cuidado¡¡, los científicos han comprobado que si se le da poder a una persona, el funcionamiento del cerebro cambia y disminuye la empatía.
Elvira Pérez Rueda
Descubriendo lo Profundo de las Personas

jueves, 6 de marzo de 2014

ROMPIENDO PARADIGMAS


"La educación es el arma más poderosa que puedes usar para cambiar el mundo" frase del Nelson Mandela con gran alcance pero ¿somos realmente conscientes de su pleno significado?


A través de una buena educación podemos descubrir la realidad que nos rodea, ser más resolutivos y creativos, enfrentarnos a las injusticias y a los retos de cada día, descubrir nuevos caminos; en palabras de Debesse  “La educación no crea al hombre, le ayuda a crearse a sí mismo”.

La cuestión que se me plantea es ¿contamos con un sistema educativo que pueda cumplir estas expectativas? Con sólo una rápida mirada, comprobamos que, en muchas ocasiones, los alumnos están destinados a acumular información sin capacidad para expresar sus inquietudes, lo que les lleva a tener poca libertad para poder experimentar, proponer, rebatir, en definitiva, conseguir el desarrollo personal necesario para ser autónomos, que es lo que les servirá para enfrentarse a la vida.

Con este tipo de educación nos volvemos autómatas, acostumbrados a reaccionar de forma estandarizada, a asentir ,sin replicar, ante determinadas "verdades absolutas" volviéndose impensable su cuestionamiento, a empequeñecernos por cada adversidad que se nos presenta... La cuestión ahora que se podría plantear sería: ¿Interesa realmente cambiar este sistema para conseguir personas más proactivas, más justas, más emocionalmente inteligentes..? No olvidemos que los Niños del Hoy, serán la Sociedad del Mañana.

Y por si aún seguimos sin ser conscientes, ahí va lo siguiente:

Coge papel y lápiz y dibuja rápidamente una flor, la primera que se te ocurra, venga, rápido…..¡ya!

¿no será una margarita, verdad? ?...¿por qué la mayoría obtenemos el mismo resultado? ¡Con lo fácil que es dibujar un tulipán! J 
Mª José Chacón Aguilar

domingo, 2 de marzo de 2014

EMOCIÓN, LA ENVIDIA



Hoy,  me gustaría utilizar este post, para  hablaros de la envidia.  Esa emoción, que socialmente está tan mal vista y es de las más descalificadas. Por ello siempre tendemos a ocultarla.
Empezaría definiendo, ¿qué es la envidia?
Una de las definiciones habituales podría ser la siguiente:
La envidia puede ser,  esa  reacción de dolor y enojo, que intenta destruir lo que el otro tiene, cuando percibimos que ese otro, ha alcanzado algo que deseamos y no hemos logrado.
Hoy, quiero  dar una nueva visión de la misma. Una nueva visión de su naturaleza y razón de ser.
Siempre parto de la base de que toda emoción es una señal que nos indica que algo está ocurriendo.
Cuando se envidia algo,  podríamos hacernos  la siguiente reflexión:
Cuando envidiamos algo, por ejemplo, algún logro que alguien ha conseguido, ¿qué es lo que queremos realmente? Que esa persona pierda todos esos logros conseguidos o conseguir nosotros dichos logros sin desear que la otra persona los pierda.  Creo, y espero no equivocarme, que la mayoría de las personas  elegiríamos  la segunda opción, lo cual significa que la prioridad de quien envidia es, en realidad, lograr realizar lo que desea y no puede. Así, el elemento destructor del logro del otro no es un fin en sí mismo.
Si llegáramos a ser capaces  de reconocer y alegrarnos del logro ajeno y a la vez sentir tristeza por no haberlo conseguido. Cuanto más legítima y clara, esté mi doble reacción, más libre me sentiré para poder compartir lo que siento y no tendré que ocultar mi emoción. ¿Qué tengo que hacer para conseguir ese logro que deseo?, ¿cuáles son mis recursos y cómo tengo que trabajarlos?
Ese, podría ser el significado de la envidia. Esa señal que nos pone en contacto con un deseo no satisfecho.
Cuando tomemos consciencia de esta emoción, nos podremos preguntar con naturalidad: ¿Qué deseo no satisfecho he podido descubrir a partir de la envidia?
¿Qué diferencias hay  entre admirar y envidiar?
Admirar, es reconocer y valorar los recursos de los demás, que eventualmente yo no tengo. El admirado funciona como un estímulo, un modelo a seguir.
La  envidia destructiva,  me remite a lo que no tengo o no soy, sin camino de crecimiento o transformación.
El pasar de la envidia a la admiración es descubrir nuestros deseos no logrados y los recursos que tenemos para conseguirlo.
Creo que con esta nueva visión de la envidia, podríamos entender mejor lo que es la envidia sana, que seguro que todos habéis oído hablar de ella.
Me ha encantado haber compartido con vosotros este post sobre la envidia y me gustaría lanzaros la siguiente pregunta:
¿Creéis que hay personas que tratan de hacer sentir  envidia?
Reflexionad sobre ello, y no dejéis de compartirlo, me encantaría leerlo.
Un abrazo y un hasta pronto.

Berta Campo.